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AL CALOR DE PIRENE . EXPOSICIÓN ITINERANTE

Desde que tiene conciencia de sí mismo, el ser humano en su largo peregrinar por la historia ha tenido la necesidad de resolver las dudas respecto a su existencia. Es en su entorno inmediato donde espera obtener las respuestas de primera mano. Y para ello ha de dotar de sentido a todo lo que le rodea.

A lo largo del tiempo, los pueblos y gentes que han habitado las montañas y valles pirenaicos han necesitado alcanzar esas respuestas en un medio áspero, hostil a veces, en el que un individuo parece poca cosa, una simple criatura ante la grandiosidad de la montaña.

La respuesta está en el viento... y en el fuego y en la tierra y en el agua...

En el medio que habita no hay elemento sin contenido ni acontecimiento casual. Busca indicios, investiga señales. El hombre pregunta a lo que ve y a veces tendrá la respuesta en lo que no ve. Es así como desarrolla mitos, creencias y prácticas que, incorporados a la cultura, pasan a ser herramientas colectivas para entender "lo que hay" o, al menos, intentarlo; y, además, trascender como individuo y comunidad. Si, además, estos mitos se articulan en relatos bien cohesionados, en leyendas relacionadas con fuerzas naturales o deidades y se transmiten de forma oral, hablaremos de Mitología en este caso -por qué no- pirenaica.

Pirineo como territorio común, espacio compartido entre culturas aparentemente dispares que, no obstante, tienen en común mucho más de lo que a menudo se demuestran. Diferencias formales, las propias lenguas no son más que maneras diferentes de expresar lo mismo. Hay que escarbar, molestarse en correr el telón para hacer aparecer el espejo y comprobar en qué nos reflejamos.

Si es verdad que todo lo que tiene nombre existe, la presente Exposición da cuenta de una mentalidad mítica que aún se muestra necesaria en nuestros días o, de lo contrario, no existiría.